domingo, 20 de diciembre de 2009

Hace un frío del carajo!


Cuando el grajo vuela bajo,...

Y en mi casa no hay calefacción!! Lo peor es por las mañanas, a partir de eso de las 06:00 empieza a refrescarse la cocorota.
Lo primero es el el método de la tortuga, consiste en meter la cabeza dentro de las sábanas, luego empieza a fermentar un olor a animal de cuadra hasta que es necesario salir a tomar aire. Es como bucear en la cama. Un rato bajo el agua y todo está calentito, salir a respirar y de vuelta inmersión.

Cuando la técnica empieza a fallar (es muy cansado hacerlo en plena fase REM) se enciende la bombilla del uso de la tecnología. Consiste en encender el radiador eléctrico! Si la noche anterior he estado iluminado, ya habré dejado el interruptor al alcance de la mano. Sólo hace falta estirar el brazo y, a riesgo de que quede conjelado, conectar el aparato. En tan solo un par de inmersiones más ya estará caliente el cuarto como para descansar.

A todas estas ya será casi hora de levantarse, así la bendita fase REM se ha ido definitivamente al cuerno y empezará a sonar el despertador. Salir de la cama no es un gran problema, el cuarto ya está habitable, en lo que respecta a salir de la habitación... eso es otro cantar.

El piso entero ha sido alcanzado por un agujero negro espacio-temporal y se ha trasladado al polo sur, con los pingüinos y Shackleton y compañía.

Las proporciones han variado, así, lo que antes estaba a dos pasos ahora está a cincuenta, y llegar a la ducha al final del pasillo es una travesía por el hielo. Por suerte sigo los consejos de Calleja y llego a la ducha, donde un reconfortante baño con agua fría da la bienvenida a un día lleno de emociones, al menos tonifica la piel, no? (sarcasmo)

La casa se va volviendo un poco inestable, no sé si será por lo del agujero negro o porque aquí no se puede estar. En cualquier caso es una ventaja eso de poder decir que ya tengo muchas ganas de llegar a la oficina, más que nada por la calefacción.

Así se inicia un nuevo día, para que luego digan que en la ciudad no hay aventuras. ¡Que me lo digan a mí, que en mi casa voy esquivando los grajos dando saltos! ¡animalitos!!

jueves, 15 de octubre de 2009

En 15

Es uno, como el As de la baraja.
Dos, como las ruedas de la bicicleta.
Tres, como las hojas de un trébol.
Cuatro, como las estaciones del año.
Cinco, como los dedos de una mano.
Seis, como las caras de un dado.
Siete, como los siete enanitos.
Ocho, como las patas de una araña.
Nueve, como los planetas que fueron.
Diez, como los mandamientos.
Once, como el equipo de fútbol.
Doce, como los meses del año.
Trece, como las lunas de un año.
Catorce, como la masa atómica del nitrógeno.
Quince, como el día de hoy.
Para llegar al dieciséis tendríamos que caminar más.
Para llegar al dieciocho deberíamos dejar de malgastar energía.
Para llegar al diecinueve tendría que hacer menos calor.
Para llegar al veinte primero hay que contar hasta el dieciséis.

domingo, 12 de octubre de 2008

De todo hay y en todas partes



Cuando estuve en Costa Rica, me sorprendió mucho que tienen muy poco pero siempre sonríen, son amables e irradian alegría. Nos recorrimos todo el país de costa a costa y de norte a sur, y sólo vimos a gente pidiendo en la calle de capital. El resto de pueblos tienen escuelas, cobertura de teléfono móvil y ningún mendigo. Nadie pide excepto en San José y alrededores.

En Chicago hay unos "cantarines" en algunas esquinas, agitan un vaso de McDonald's y van canturreando una canción monótona pero alegre. Están pidiendo limosna y dicen algo así como "Que tengas un buen día, una limosna y una sonrisa". Se mezclan entre el sonido de un saxofón de la siguiente esquina.

En Praga impresionan bastante, se arrodillan en el suelo con una gorra en las manos, los codos al suelo y la cabeza entre los brazos. Se acaban las palabras al verlos sumidos esta especie de súplica máxima.

En Barcelona, los hay de todo, en el metro recitando "es duro de pedir, pero más duro es de robar,...", en el suelo con un cartel lleno de faltas de ortografía informando de su vida, su mala suerte y la cantidad de hijos que dar de comer.

Existe una leyenda urbana que dice que uno de esos mendigos duerme en un colchón de billetes. Lo que también hay es mucha picaresca, tanta que hasta un gesto de bondad con el necesitado se ha convertido en un robo al pardillo.

De todo hay y en todas partes. Lo que sí se mantiene es que los pueblos que menos tienen són los que más dan. Porque una migaja de pan puede ser el resto de un bocadillo o la mitad de lo que tengo, entonces la direfencia es considerable.

Esto no debería ser así.



Blog Action Day 2008 Poverty from Blog Action Day on Vimeo.

jueves, 31 de julio de 2008

El pueblo lo pide

Han sido muchas las demandas que he tenido, y como dicen por ahí: "el pueblo es soberano ..."
Sólo es un adelanto, un trailer de lo que está preparado para su estreno. Próximamente en las mejores salas.


miércoles, 23 de julio de 2008

Mi deporte preferido

Bien dicen que no se valora lo que se tiene hasta que se pierde. Ya cuando contaba con ese privilegio lo tomaba como uno más de mis tesoros, de esos pequeños placeres que son del más puro lujo.

Ahora que no puedo permitírmelo, mi nivel de satisfacción se ha visto disminuido en varios grados. Aun así sobrevivo.

La Siesta, ¡qué si no!, el mayor placer que existe, en verano, en invierno, en el sofá, en la cama, después de comer o incluso antes.

Recuerdo con nostalgia las mejores, lo más de lo más, lo que no puede pagar el dinero, la que sólo sucede una vez en la vida. Esa es, sin preocupaciones, tranquilo, en medio del paraíso.

Cuando lo dejé todo y me fui a conquistar las Américas, pasé unos días en El Salvador, en una casita en medio de la nada, playa por la izquierda y por la derecha hasta el horizonte. Nadie excepto algún perro perdido. Allí en medio del edén, caí dormido a la sombra de las palmeras en una hamaca entre dos troncos. Sólo se oían las olas del mar y el viento.

Preocupaciones cero, recién comido y con la panza llena.

Y eso es puro lujo, no se consigue con dinero, va más allá.

miércoles, 25 de junio de 2008

Viajar y viajar

Todavía no entiendo a la gente que no quiere viajar. Entiendo que no se pueda viajar, entiendo de las dificultades que puedan surgir, de tantas cosas que soy capaz de, si més no, entender. Pero no me cabe en la cabeza el que diga que no tiene esa inquietud. Conocer nuevos lugares, nuevas gentes, nuevos colores y nuevas luces.
Dentro de poco voy de viaje a Madrid, en el fondo es un viaje sencillo, me quedo en casa más o menos. Pero aún así estoy convencido de que encontraré cosas nuevas. Eso es lo que llaman expandir los límites y encontrar nuevos horizontes.
De vez en cuando miro las fotos de los lugares donde he estado. Se me hace raro que no conociera esos lugares, que pasara los días tan feliz sin saber nada de eso. Se me hace raro. Son muchas cosas que se me hacen raro.

miércoles, 23 de abril de 2008

¿cambios?

Hace días que lo escucho otra vez, es ese rum-rum. Lo que quiere decir que vienen cambios...

Es un rumor dentro de mi, un no sé qué. Lo peor es que cada vez que suena vienen cambios, es como el dragón que se despierta. Según el horóscopo chino nací en el año del dragón, con lo que no es de extrañar estas cosas tan raras, debe de estar ya escrito.

Cuando decidí cursar la instancia para el traslado al extranjero, ya sonaba, supongo, no lo recuerdo mucho, pero más o menos era la misma sensación. Cuando dejé el despacho de arquitectura también sonaba un rum-rum, bajito, suave, pero constante. Cuando dejé la constructora fue lo más, un rumor que no dejaba dormir a los vecinos (y eso que estaba en medio del bosque!!). Espero que si viene uno de esos lo vea venir.

El caso es que cada vez que suena cambio de vida. Cambio de trabajo, de ciudad, de estilo de vida y de nivel!! He estado como un rico maharajá en mi apartamento frente a la costa, y he estado homeless total en Italia.

Otras veces ya se ve venir, se intuye que se ha de despertar la fiera de un momento a otro. Entonces es "normal" dentro de la "normalidad" que pueda considerarse "normal". Pero ahora me pilla un poco de sorpresa. No me quejo nada de mi trabajo, ni de mi estilo de vida (podría ser mejor, sí, pero he estado peor).

No sé si alegrarme o ponerme a temblar. Siempre he pensado, y sigo haciéndolo, que los cambios son buenos. Si son a mejor, perfecto y si salen a peor, valoras más ciertos aspectos que antes pasaban desapercibidos, entonces es cuando hay que provocar otro cambio.

Ahí sigo con mi rum-rum. A ver qué pasa ahora...