jueves, 27 de septiembre de 2007

El día que dió por salir a correr

Jogging le dicen los americanos, yo prefiero decir correr, al fin y al cabo es igual de cansado y de anti-erótico.
Lo mejor de vivir en este pueblo perdido en la montaña es que cruzas la calle y estás en medio de un parque natural, con sus plantas, sus mosquitos y demás seres aterradores.
El caso es que, ya que estoy aquí, lo mejor es aprovecharlo. Me decidí y me puse las deportivas, estaba planeado, en mi rutina semanal, los martes toca correr por el campo. Dicen que es de lo más saludable, se limpian los poros, se ejercita todo el cuerpo y se oxigena el cerebro. El circuito va por los caminos de tierra del Montnegre hasta la muy bendita "pedra gentil" (sarcasmo), es como una expedición de las de "perdidos", pero sin el como.
Lo bueno es que, al correr en caminos de tierra, no sufren tanto las articulaciones, y entre las sombras de los árboles pasa una brisa fresca que huele a "abeto verde". Lo malo son las cuestas que aparecen al girar una curva, el ataque fortuito de abejas y avispas, el esquive constante de arroyuelos y de mierdas de animales varios, y no me puedo dejar la variada dieta de insectos suicidas voladores que no tienen mejor que hacer que explorar tu boca seca.
A parte de estos pequeños detalles, correr por el campo es una práctica muy saludable tanto física como mental, en 50 o 60 minutos da tiempo a ordenar bastantes problemillas y preocupaciones. Eso siempre que no se te cruce por el camino un animal de cuatro patas con ganas de correr también. Si es un bichejo cansado y viejete no importa tanto, pero uno de esos jovenzuelos y de los que aún no han desayunado a las seis de la tarde... te lo puedes imaginar.
Pues ahí iba yo sudando como un pollo a l'ast y pensando en mis cosillas, en eso que se cruza un bicho a lo lejos, no era la primera vez pasaba. Es agradable pensar que formas parte de un ciclo natural y vives rodeado de otros seres, todos juntos, en un mismo hábitat. ¿A que es bucólico?, esto, un martes cualquiera en medio de la ciudad no se te ocurre, ¿verdad? Pues deja de ser un precioso pensamiento cuando detrás del zorro, o lo que quiera que fuera ese bicho, aparece toda una jauría de chuchos babeantes y locos por pillarle.
Ja! se acabó todo eso de correr por deporte, de aspirar el aroma del bosque y de la armonía del universo! Parece que ha empezado la época de caza, ¡sálvese el que pueda!
Para un tipo de ciudad como yo, todo eso es nuevo: nuevo, por estrenar, ¡y sin garantía!. La pregunta es: ¿y ahora qué? supongo que detrás de los perros vendrán los cazadores con sus escopetas, no? Es ahora cuando se me ocurre que tenía que haber traído el chaleco reflectante (ni que fuera antibalas...) Por si las moscas, mejor si freno en seco. Y claro, me falló el ABS y al suelo, a morder polvo... Casi que me vuelvo por donde he venido, que más vale cobarde vivo que valiente muerto.
Las piernas me tiemblan, ¿ya no se oye nada o es que me he quedado sordo del susto? a lo lejos se oye algún ladrido. De repente, más ruidos de arbustos, algo se acerca, pero ¿por dónde? Pues la respuesta viene por la derecha, de donde vino la jauría, llegó el rezagado. Aparece un perro más cansado que yo, con una lengua que le llega al suelo, y con cara de bonachón.
Que pase de largo, que se vaya con los otros "perritos" a la caza del zorro! je je je para qué pensaré en esas cosas! para nada, en cuando el "simpático" animalito me ve, se le olvida la presa y viene a por mí. ¿Qué le habré hecho yo?
Bueno, no será nada, vendrá por aquí me olisqueará y se irá, eso espero. Sí, pues ya podía esperar nada yo, que a medida que se acerca va acelerando el paso. Un escalofrío me recorre la espalda desde el cuello hasta el culo, ¡joder! ¡ahora sí que toca correr! y para abajo que me voy a toda velocidad. Ahora ya no importan los mosquitos, los arroyos ni las ramas que se cruzan en camino, ¡es cuestión de supervivencia!
Yo cada vez que lo siento más cerca, y más grande, más feroz, y más malo, y más rabioso asesino matador de corredores pardillos. ¡Yo sólo quería hacer jogging como Sarah Jessica Parker en High Park!
Perfecto, en medio del camino hay un árbol caído, daré un salto como en las películas y el perro se quedará atrás y podré escapar. Sólo tengo que saltar y libre!. Ja! saltar!, mejor dicho tropezar, caer de bruces, jugarme el carnet de paternidad y acabar en medio de un charco de barro. Al otro lado del árbol, eso sí. Bueno al menos estoy al otro lado, a salvo.
No soy más pardillo porque no soy más grande! en cuanto me giro, ¡una bola de pelos está saltando sobre mí! ¡este sí que tiene estilo! Seguro que es fan de Rex y de Rin-Tin-Tin.
Ahora ya no sé si es que el bicho no esperaba una presa tan torpe o si se alegraba de verme o el qué, pero me cayó justo encima. Sólo os contaré lo bueno, empezó a chuparme la cara y las manos hasta que una mano, más inteligente que la mía, lo cogió del collar y me lo quitó de encima. Era el dueño, que no era cazador ni nada de eso, sólo se le había escapado el perro mientras iban de paseo por el bosque. Y el animal, al verme correr se pensó que estaba jugando, ¡qué graciosillo!(sarcasmo), ¡es que en los pueblos no existe la correa?! Ya sin la bestia encima hice un rápido análisis de daños, tipo terminator, no me había roto nada, un par de rasguños y una gran dosis de vergüenza. Mojado hasta los huesos, lo mejor era dejar el entrenamiento en este punto.
En fin, el resto ya es historia, el dueño me pidió disculpas en seguida y el perro intentó olisquearme el pito, ¡Sí, me meé encima!

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