martes, 30 de octubre de 2007

El día que conocí a Verónica (parte 4, final)

En la explanada de la entrada

Me había quedado paralizado en la escalera, no sentía dolor, no sentía frío, no sentía nada. Los músculos no me respondían y tampoco podía dejar de mirar la calle.

La lluvia caía fuerte en la explanada, sólo podía oír el agua chocando con la tierra y los tejados. No me enteré de que Verónica había bajado hasta la entrada. Intentaba levantarme pero yo no podía moverme aunque quisiera, estaba petrificado.

No sé cuanto tiempo pasó, empecé a pensar que tenía que respirar, que el color morado no me sienta muy bien. Empecé a pensar en soltar la barandilla, la tenía agarrada tan fuerte que tenía los dedos blancos. Empecé a tener conciencia de que había que mover las piernas para levantarme.

Tenía a Vero delante de mí, agitándose alterada, supongo que gritaba o me decía algo, pero yo no le oía. Sólo podía mirar hacia la calle. Entre la oscuridad ya no se veía nada, pero no podía dejar de mirar.

Me levanté no sé cómo y empecé a caminar hacia la puerta, no sé porqué pero tenía que salir fuera. Descalzo pasé por el umbral de la puerta, pisé la tierra mojada y fría. Caminaba a oscuras, Vero tiraba de mí para que entrara dentro, pero yo, en estado medio catatónico, no me detuve, arrastrándola también al exterior.

Sordo y mudo, con la vista fija en la oscuridad caminaba hacia no sé donde. Vero detrás de mi me seguía muy cerca. Los dos empapados bajo la tormenta llegamos hasta el centro de la explanada.
Allí me paré y empecé a buscar. No la veía a la derecha, no la veía a la izquierda. Empecé a dar vueltas sobre mi mismo como un tonto. La buscaba y no la encontraba. De tanto girar me estaba mareando, vueltas y vueltas, bajo la lluvia y no la veía.

Me paré en seco y ahí estaba ella, enfrente de mi. Como siempre, quieta y seria. En un segundo apareció a un metro de mi. Seria, me miraba fijamente. Y en un movimiento rápido, extendió sus brazos y me empujó al suelo.

Imagen alojada en imaXenes.com

Y ahí estaba yo, bajo el agua, en el barro y, ahora consciente de todo. Lo
primero que pensé: "¡Joder qué frío!!", estaba tiritando, los dientes me
castañeaban, tenía las manos moradas del frío. Verónica me ayudó a levantarme y
entramos en casa. Y no recuerdo mucho más, me desperté tirado en mi cama.

Hicimos las maletas y nos piramos de esa casa. Ahora vivimos en un apartamento un par de casas más allá. De vez en cuando paso por delante de la casa y me acuerdo de todo lo que pasó. No acabo de creérmelo. Cuando hay noche de tormenta me aseguro de que ningún grifo gotee, no hay que malgastar el agua.

Han vuelto a alquilar la casa, nos encontramos en el bar a los nuevos inquilinos. Nos han dicho que el termo sigue goteando y el casero les dice lo de "ya están avisados, han de pasar a arreglarlo"

lunes, 29 de octubre de 2007

El día que conocí a Verónica (parte 3)

Chubascos tormentosos


Había dormido fatal, me dolían todos los huesos y tenía unas ojeras que llegaban hasta los pies.

Qué mala noche. Por fin había llegado el día, el primer día después de vacaciones y yo estaba más cansado que nunca. Esperaba que una ducha me despejara un poco. Una ducha, un café, y si no "como nuevo", al menos bastante mejor.

Parecía que todo iba bien, al salir del baño pasé la mano por el espejo. ¡Qué mala cara tenía! si es que parecía un muerto viviente. Me preparaba para afeitarme, lleno el lavabo de agua caliente, un poco de espuma, paso la mano por el espejo de nuevo, se había vuelto a empañar. ¡Ahí estaba ella! detrás de mi, seria. La cuchilla salió volando por el baño, doy un grito de puro loco y salgo del baño medio desnudo, corriendo por el pasillo a mi habitación.

Joder, joder, joder!!! ¿Pero qué está pasando? Vero llamó a la puerta

-¿Te encuentras bien? Voy a entrar, ¿estás bien?

Y ahí estaba yo, en medio de la habitación, con la cara llena de espuma y una toalla para cubrir las vergüenzas, claro que en estos momentos los tenía en el cuello, así que no había mucho que tapar.

Le expliqué lo que estaba pasando, que se me aparecía en los reflejos, que no había dormido y que me estaba volviendo medio loco. Me tranquilizó un poco y se bajó a prepararme algo de desayuno.

La noche había sido muy larga y me esperaba un día muy largo también. ¡Y tanto que lo fue!, no acababa nunca, y todo se hacía una montaña, todo cuesta arriba. A media mañana ya no podía más, se me cerraban los párpados delante de la pantalla, y además la cabeza no paraba de darle vueltas a todo ese rollo de las apariciones.

Tanto le daba vueltas que empezaba a recordar la imagen más nítidamente, no era Vero la que se me aparecía. Cada vez lo veía más claro, y cada vez me convencía más de que no era ella, pero se le parecía mucho. Pensaba tanto en el tema que empezaba a desear volver a verla para fijarme en más detalles.

Me acerqué a los lavabos de la oficina y me miré en el espejo. Seguía con mala cara. No vi a nadie más que a mí, así que volví a mi mesa, no a trabajar, pero sí a darle vueltas a la cabeza. Seguía pensando en lo que me estaba pasando.

Caí en la cuenta de que siempre que se aparecía había agua de por medio, en la bañera, en el espejo empañado. Recordé entonces la vez que fregué la cocina, las humedades del cuarto de Vero. Fui atando cabos y parecía que todo tenía que ver con el agua.

Regresé a casa para comer, y después me quedé dormidísimo en el sofá, una siesta de esas de las que si no me despiertan me quedo hasta el día siguiente. Por suerte, o por desgracia, Vero me avisó de que teníamos que volver a la oficina. En ese momento emitían la predicción del tiempo para esa tarde y los próximos días, perfecto, lluvias y tormentas, lo que me faltaba.

Cuando habían anunciado lluvias tormentosas se habían quedado cortos, más que cortos ¡a medio camino! Aquello era el diluvio universal. ¡Y unos rayos, y unos truenos!, ahora creo que fueron paranoias mías, pero en aquel momento estaba convencido de que un rayo había alcanzado la casa y se vendría abajo de un momento a otro.

Como os podéis imaginar, otra noche de insomnio, tirado en la cama, dando vueltas y enredado en las sábanas. Cada vez que sonaba un trueno cerraba más fuerte los ojos, hasta me hacían daño, pero es que estaba asustadísimo. ¿Quién no lo estaría?

Cayó un relámpago y me pareció verla fuera, bajo la lluvia, de pié en la explanada de la entrada. Allá plantada como un estaquirote! ¡Qué cague, colega!! Estaba tan asustado que me entró un ataque de risa tonta, y la tipa allá mojándose y mirando hacia mi ventana, ¡Dios! No podía más, entré en la habitación de Vero sin avisar, ya no sabía si estaría allí o en la explanada bajo la lluvia o yo que sé.

La desperté de golpe, y el susto también me lo dí yo al encontrármela allí. ¡Macho, esto era demasiado! Me acerqué a la ventana y "la otra Verónica" seguía ahí. Sin dejar de mirarla le dije a Vero, la auténtica, que se acercara a ver si ella también la veía. ¡Y tanto que la veía! yo estaba acojonado, con tanta lluvia y oscuridad de la noche no se veía muy bien pero los dos teníamos claro que había alguien en la entrada de la casa.

-¿Cómo?? Que baje yo a allá abajo, con la que está cayendo, tu estás loca Vero.- En realidad estaba tan acojonado que no podía pensar siquiera en bajar, pero claro un machote como yo no iba a reconocerlo, menos delante de una chica.

Al final tube que bajar, mi hombría estaba en juego, ¡y eso no podía ser!! Bajaba por la escalera pensando "¡qué coño hombría! ¡si yo no gasto de eso! Estoy tan acojonado que ni me los siento" Me metí la mano dentro del pantalón para comprobar que seguían ahí. Para sorpresa mía, de momento todo estaba en su sitio.

-Joder, joder, y con la que está cayendo... -Me asomé por la puerta de entrada, no se veía nada- ¿Hay alguien ahí?. Nadie contestó. Desde luego, machote, mejor que no me contestara nadie.

Le grité a Vero por el hueco de la escalera:

-¿Sigue ahí, Vero? Aquí no se ve a nadie.

Se oía la voz desde muy lejos y no entendía lo que me decía:

-¿Qué dices? aquí ya no hay nadie.

Me pareció que contestaba algo así como un sí. ¿Sí, el qué? que no había nadie, que se había ido, que quería que saliera fuera, ¿sí, el qué?

Me acerqué a la puerta, para echar otro vistazo rápido y cobarde, convencerme de que no había nada y volver a subir. Entonces un relámpago iluminó la entrada. Digamos que ya no estaba en medio de la explanada, es que ahora estaba apenas a cinco metros de la puerta, mirándome fijamente. Menudo bote que pegué! Me quedé paralizado, caído en los primeros escalones sin dejar de mirar la calle. Estaba oscuro como la boca de un lobo pero yo aún veía su cara, su melena empapada por la lluvia, su mirada fija en mi. ¿Me estoy volviendo loco o qué?

domingo, 28 de octubre de 2007

El día que conocí a Verónica (parte 2)

Los problemas con el agua


Poco a poco empezamos a tener más problemas con el agua, humedades, goteos. Parecía que la ganga de piso que me había comentado Verónica no era tan fantástico.

Empezó por aparecer una mancha de humedad en la habitación de Vero, en el piso de abajo. Lo estuvimos mirando y no entendíamos nada, por ahí no pasaba ninguna tubería, y justo encima, en mi habitación, no había rastros de humedad. Supusimos que serían filtraciones de la fachada, una excusa barata para tratar de explicar la mancha. A los pocos días Vero me comentó que pasaba frío por las noches y tenía sensación de humedad en su cuarto. La verdad es que así era, al entrar en su habitación hacía más frío que en el resto de la casa y no era muy comfortable. Como había habitaciones libres arriba, subimos la cama y el armario. Dejamos la habitación medio vacía con la ventana un poco abierta a ver si se secaba la mancha.

Más tarde, el simple goteo del termo se hizo un goteo no tan simple. Al principio con un cazo aguantábamos una semana, ahora ya no duraba tanto y había que cambiar el cacharro cada dos días. Empezamos a acumular bidones con el agua del termo que utilizabamos para regar las plantas o limpiar la casa. El problema era que cada vez era más difícil dar salida a este agua y el casero ni caso "están avisados, tienen que venir a arreglarlo". Más vale que vengan pronto o tendrán que traerse la barca.

Lo máximo fue despues de las vacaciones de verano. Cuando regresé a la casa después de una semana ausentes me encontré los grifos de las bañeras goteando, los tapones puestos y llenas de agua. Yo estaba seguro de haber dejado los tapones puestos para que no entraran olores, ¡pero los grifos goteando! eso seguro que no.

Al meter la mano para quitar el tapón, ¡qué fría estaba el agua! me pareció ver a Veronica detrás de mí, reflejada en el agua:

-Vero, mira todo esto, no entiendo qué ha pasado.

Me giré y allí no había nadie, estaba yo solo en el baño. Salí y busqué por casa, llamándola a gritos:

-Vero, Verónica ¿estás ahí?, Vero,..

Nada, todavía no había llegado de vacaciones, supongo que me pareció verla y ya está.

Sí, claro,... ¡de eso nada!! Cuando me asomé a la bañera del piso de arriba, antes de meter la mano en el agua, ahí estaba ella. Detrás de mí, mirandome a través del reflejo del agua. Seria, sin decir nada, no tenía cara de enfado, sólo estaba seria. Me pareció que tenía el pelo más largo, y le caía liso sobre los hombros. Ahí estaba, detrás de mí, mirandome fijamente.

-¡Qué miedo, colega! Vero, me has asustado, podrías contestarme.

Yo ni me giraba, estaba cagao de miedo, y ella seguía ahí mirando fijamente. ¡La madre que la parió! Yo no estaba seguro de que ella estuviera ahí o no, o qué es lo estaba viendo. Quité el tapón rápidamente, me giré y, cómo no, Vero no estaba ahí. Estas cosas, a un tipo de ciudad como yo, no nos sientan nada bien.

- Vero, sal de ahí que te he visto antes, como broma ya se acabó la gracia. ¿Dónde te has metido?
Y la niña sin aparecer. Mis niveles de terror iban creciendo junto a los del cabreo. Ya estaba anocheciendo y no salía de su escondite. No estaba en su habitación, ni en la mía, ni en ninguna sala de las plantas baja y primera. Y yo desde luego no iba a bajar a buscarla a la caldera, uno es machote pero no tanto. Vaya, te tenía un miedo que no bajo yo allá ni harto de vino.

Al fin y al cabo si quiere cenar tendrá que subir a la cocina. De momento y mientras no aparezca o responda yo preparo cena para uno. Estaba preparando algo de comer, la oferta era pobre ya que la nevera estaba casi vacía, y pensé en comprobar si su coche estaba fuera. Qué tontería, a ver si yo me había enfadado con ella, al final no estaba siquiera en casa y todo eran imaginaciones mías. Bingo, mi coche estaba solo aparcado en la entrada. ¡Mira que soy memo! Ahora doble trabajo, enfadarme y desenfadarme! La llamé a su móvil y me dijo que estaba en la autopista de camino y llegaría en media hora.

Por un lado pensé que era un tonto al haberme enfadado tanto, por otro lado estaba seguro que estaba ahí, detrás de mi, frente a la bañera. Cuando se lo comenté a Vero, ya me lo dijo, medio en broma medio en serio, que ella oía pisadas cuando estaba sola en casa, incluso después de trasladarme yo, pero como nos habíamos reído tanto de ella cuando nos lo explicó, no había dicho nada más. Aquella noche no pegué ni ojo, entonces sí que oía las pisadas en el tejado y en el pasillo, y veía manchas y todo lo malo que imaginaba vino a visitarme por la noche.

sábado, 27 de octubre de 2007

El día que conocí a Verónica (parte 1)

La casa de Vallgorguina


Qué bonito es el amor, más que nunca en primavera. Pero esta vez no es amor, es, más que nada, sorprendente...

Tengo que decir que ahora que ya ha pasado tiempo, no me parece tan dramático ni extraño como entonces, ahora es algo realmente raro.

Me trasladé a vivir a Vallgorguina, un pueblo de una calle en medio del parque natural del "Corredor". En una casa rehabilitada que tenía alquilada una compañera de trabajo, así nos repartíamos los gastos y podíamos ahorrar algo. Además la casa era lo bastante grande para los dos, incluso para tres, porque muchos días estaba por ahí su novio Bernard.

Cuando me mudé, Verónica vivía sólo en el piso de abajo y no utilizaba las habitaciones de arriba, así que yo me quedé con una habitación y un baño en la planta de arriba y ella se mantuvo en la habitación del piso de abajo.

La casa estaba orientada a sur y le tocaba el sol todo el día. En total eran dos plantas mas los bajos donde estaba el garaje, la caldera y las bombas de agua. En planta baja había una habitación con baño, la cocina, el comedor, el salón con biblioteca y chimenea y al fondo del pasillo de la cocina una especie de galería-trastero-lavadero. El piso de arriba tenía los techos abuhardillados, la escalera de acceso estaba junto a la puerta de entrada a la casa y sólo había dos habitaciones y un baño. Las dos plantas tenían terrazas donde cultivamos marihuana, tomates, menta y cualquier planta que nos sobreviviera.

Una pasada, a muy buen precio, con todos los servicios, teléfono, internet ADSL con WI-FI, la cocina al completo: horno, lavadora, frigorífico y lavavajillas. También teníamos aire acondicionado y bomba de calor en toda la casa. Para un para de pardillos como Vero y yo, nos iba de perlas, una pasada vaya. El único problema que teníamos era que la caldera no funcionaba, pero el dueño del piso le instaló a Vero un termo eléctrico, así al menos nos podíamos duchar. Y cuando llegó el frío nos apañamos con la chimenea del salón y el aire climatizado.

A parte de eso, el resto muy bien, no podíamos conectar el aire de toda la casa porque saltaban los magnetotérmicos, el termo perdía agua y uno de los fogones de la cocina no ardía, pero el resto una ganga.

Verónica es una persona con la que es muy fácil vivir, tenemos los mismos gustos de comida así que podemos cocinar para los dos, trabajamos juntos y nos organizamos muy bien, vigilamos un poco uno del otro sin entrometernos en nuestras vidas. Bernard es un tipo la mar de enrollado, es una fiesta andante. Es de Guinea, y también tiene sus costumbres y sus cosas que a mí me parecen un poco raras, pero lo pasábamos de risa en la casa. Trabaja de camarero en un bar en la ciudad, y sólo sube los días que libra, que suelen ser martes y miércoles.

A Bernard le da miedo el avión y cree en los sueños premonitorios. Una noche, cenando, me comentó que si tuviera un sueño catastrófico de aviones estrellados no viajaría a París con Vero, y de eso sólo faltaba una semana. Al final se fueron de viaje sin problemas y sin sueños.

También cree en los espíritus y que estamos rodeamos de los fantasmas nuestros seres queridos y que hay que honrarles sus tumbas por si se enfadaran. Sin comentarios. No me lo imagino en el cine viendo películas del tipo "Los Otros", "El Orfanato" o "El sexto sentido", se caga de miedo seguro. Esa misma noche nos reímos un montón porque, mientras Vero vivía sola en casa, pasaba un poco de canguelo al ir a acostarse, decía que oía como pisadas en el piso de arriba, y luego le parecía como si fueran pisadas en el tejado. Supusimos que era por el tema de las obras de rehabilitación, que de alguna manera el tejado se estaría asentando o algo así.

Yo no había escuchado las pisadas, esa noche estuve al tanto y tampoco oí nada de nada, tal vez serían las tejas con el efecto del calor y la dilatación o vete tu a saber. Como no creía en nada de eso no tuve muchos problemas para dormir esa noche.

Por la mañana al bajar a desayunar ¡menudo estropicio!! ya os había comentado que el termo eléctrico perdía agua. Teníamos el termo instalado en la cocina y perdía en una de las juntas. El casero ya estaba avisado para arreglarlo, igual que el fogón, igual que otras pequeñas cosas, siempre nos decía que cuando vinieran a arreglar la caldera lo arreglarían todo, y que estaban avisados y tenían que pasar. O sea que teníamos que colocar un recipiente bajo el termo para recoger el agua que perdía, pero claro, había que cambiar el cazo de vez en cuando.

Tampoco era tan grave, pero a las siete de la mañana y con un poco de prisa para llegar en hora a la oficina, no apetece ponerse a fregar el suelo. Para colmo de males, me resvala el cazo de la mano y se vierte todo el agua en el suelo. Ahora el charquito se ha convertido en un auténtico charco. En ese momento no le dí mucha importancia, pero al pasar la fregona el agua hizo un movimiento extraño. Tan extraño que no sé cómo explicarlo, si yo fregaba hacia la izquierda era como si el agua fuera hacia la derecha, una cosa rara. Dejé de fregar, me restregué los ojos y volví a pasar la fregona, de nuevo hizo algo raro. Entonces entró Vero en la cocina:

-Es super tarde, que he dormido y también voy tarde. ¡Ostras! ¿Y esto? ¡Se nos olvidó cambiar el cazo! Madre mía, espera que te ayudo.
-No, no hace falta, ya lo acabo yo. ¿Puedes ir poniendo la cafetera mientras?

Ahí quedó todo, lo fregué todo rápido y salimos corriendo con el desayuno en la boca todavía.

domingo, 21 de octubre de 2007

Voy, que me voy!!

Ya salté, me ha costado pero ya lo hice. Salto al vacío y a ver dónde caigo, y sobre todo que no me tuerza el tobillo que eso duele mucho.
Me decidí y confirmé la reserva de vuelo. Nos vamos a Costa Rica. Yo estoy hecho un flan, voy a dejar el trabajo, la casa, todo. La vida que llevo ahora se acaba a finales de Noviembre.
¿Y por qué Costa Rica? Pues exactamente no lo sé, en principio era Cuba, pero por temor a huracanes nos hemos decidido por Costa Rica. El caso es que también es temporada de lluvia allí, así que no tengo tan claro que estemos libres de tormentas tropicales.
Dejar el trabajo es lo de menos, cualquiera pensará que estoy loco, y es que tengo un trabajo de puta madre. De puta madre para los vagos, claro. Mi trabajo consiste en no hacer nada durante nueve horas al día, y cuando hay una punta de trabajo de esas imposibles de "necesito un proyecto ejecutivo para mañana, aquí tienes el estado actual", es obvio que no dará tiempo a hacer nada bien hecho, así que la inventiva y la imaginación se ponen en marcha y se entrega un montón de papeles vacíos. Además cobro cada mes, tengo ayudas en el alquiler y tiempo suficiente para aburrir delante del ordenador.
Que no, que no. Que me voy a Costa Rica, y tal como están las cosas si me encuentro mi vida allí, me quedo.

sábado, 13 de octubre de 2007

El día que me fui de compras

No me gustan las compras, es un agobio de gente de esperas, de esto no me gusta y esto no lo necesito. Así que cuando se acaba la ropa del armario o con el cambio de temporada se queda vacío me armo de valor para ir un día de compras. Prefiero ir a un par de tiendas, no más, así las tallas coinciden y las colas a probadores y en la caja sólo se hacen una vez, pero a veces eso no es posible y comienza mi peregrinación de tienda en tienda.
Gastar, gastar y gastar, la tarjeta empieza a sacar humo y la dependienta parece que sienta un placer especial al meter mi tarjeta en la ranura... es la única ocasión en la que meter mi tarjeta en la raja no me da placer sino que todo lo contrario... (piensa mal y acertarás...).
Cuando ya se acaban las compras viene lo más "divertido", pasearse por la zona con tres o cuatro bolsas en cada mano, como si fuera el botones de pretty woman. Yo me pregunto, ¿no sería mejor si en cada tienda aprovecharan las bolsas que ya traigo de otros comercios? No!!, lo importante no es que te dejes los dineros en sus cajas registradoras, además hay que ir haciendo publicidad de la marca.
En los supermercados sucede lo mismo, cargado con veinte bolsas, cada una con un par de productos, menos la de las latas de bebida que siempre se rompe antes de llegar al coche.
EL 15 de Octubre es el Día de Acción del Blog, este año el tema es el medio ambiente. Me parece muy bien, y me parecería mejor hacerlo extensivo a todo el año, al menos a los días de compra. A gastar menos en envoltorio y en papel y plástico que no sirve más allá del viaje de la tienda al coche y del coche a casa. Y a buscar la opción que realmente nos sea más cómoda a nosotros y no convertirnos en hombre anuncio. Por eso este día y cada día, sólo con pensar un poco (no hace falta sacar humo de la cabeza), procurad producir menos desperdicios, cuesta muy poco.

jueves, 4 de octubre de 2007

El día uno

El otro día nació mi sobrina, es la primera y está toda la familia revolucionada. Supongo que ella eso no le importa mucho. A parte de dormir, comer y cagar, todo el resto es un extra, si además hay quince personas para hacerte mimitos, pues mejor que mejor, no?
Pero en el fondo, quince personas, en una habitación de hospital, respirando todos a la vez,... eso no debe de ser muy sano. Por lo general, en las clínicas y hospitales ya huele a medicamentos, o sea, mal. Si le añades la calefacción a toda máquina y la afluencia de gente, el resultado debe de ser como mínimo agobiante, por no decir estresante. Así que la naturaleza, que es sabia, se ideó este sistema de marmotismo innato en el que no vale mucho la pena abrir los ojos porque tampoco hay nada interesante para ver, tampoco hay mucho que decir ni que hacer, porque ya te ponen la comida en la boca.
Con un par de días por detrás, digamos que la vida es una labor de "experiencia no requerida", y ya se sabe, en los primeros días, entre que te presentan al personal, tu puesto de trabajo y cómo funciona todo, no das ni golpe. La ventaja es que ya entra con contrato indefinido, y sin posibilidad de despido, por mucho que meta la pata.
Ahora ya tendrá dos o tres días, cada hora representa un 1,4% de vida, es como si, para mi que tengo 30, pasaran 5 meses cada hora. En cinco meses me da tiempo para hacer bastantes cosas: podría hacer un curso intensivo de alemán e irme a Munich, podría dar la vuelta al mundo, podría aprender a manejar una fresadora industrial o un helicóptero, en una hora. Se supone que debería de beber 306 litros de agua y el pelo me crecería 5,34 centímetros, en una hora.
Sería como vivir en Matrix, así que visto lo visto, ya tiene bastante trabajo la pequeña si además tiene que comer, dormir y cagar.
Todo cambiará el día que pruebe la pizza y la cerveza, será un nuevo paso en su vida. Si por mi fuera lo programaría para el día 3, sería lo equivalente a mis 30 años, y puedo asegurar que una pizza y una bud bien fría sienta de maravilla.
Me parece que sus padres no están muy convencidos, suerte que tiene un tío como Dios manda para los suministros clandestinos de cerveza ;)