Había dormido fatal, me dolían todos los huesos y tenía unas ojeras que llegaban hasta los pies.
Qué mala noche. Por fin había llegado el día, el primer día después de vacaciones y yo estaba más cansado que nunca. Esperaba que una ducha me despejara un poco. Una ducha, un café, y si no "como nuevo", al menos bastante mejor.
Parecía que todo iba bien, al salir del baño pasé la mano por el espejo. ¡Qué mala cara tenía! si es que parecía un muerto viviente. Me preparaba para afeitarme, lleno el lavabo de agua caliente, un poco de espuma, paso la mano por el espejo de nuevo, se había vuelto a empañar. ¡Ahí estaba ella! detrás de mi, seria. La cuchilla salió volando por el baño, doy un grito de puro loco y salgo del baño medio desnudo, corriendo por el pasillo a mi habitación.
Joder, joder, joder!!! ¿Pero qué está pasando? Vero llamó a la puerta
-¿Te encuentras bien? Voy a entrar, ¿estás bien?
Y ahí estaba yo, en medio de la habitación, con la cara llena de espuma y una toalla para cubrir las vergüenzas, claro que en estos momentos los tenía en el cuello, así que no había mucho que tapar.
Le expliqué lo que estaba pasando, que se me aparecía en los reflejos, que no había dormido y que me estaba volviendo medio loco. Me tranquilizó un poco y se bajó a prepararme algo de desayuno.
La noche había sido muy larga y me esperaba un día muy largo también. ¡Y tanto que lo fue!, no acababa nunca, y todo se hacía una montaña, todo cuesta arriba. A media mañana ya no podía más, se me cerraban los párpados delante de la pantalla, y además la cabeza no paraba de darle vueltas a todo ese rollo de las apariciones.
Tanto le daba vueltas que empezaba a recordar la imagen más nítidamente, no era Vero la que se me aparecía. Cada vez lo veía más claro, y cada vez me convencía más de que no era ella, pero se le parecía mucho. Pensaba tanto en el tema que empezaba a desear volver a verla para fijarme en más detalles.
Me acerqué a los lavabos de la oficina y me miré en el espejo. Seguía con mala cara. No vi a nadie más que a mí, así que volví a mi mesa, no a trabajar, pero sí a darle vueltas a la cabeza. Seguía pensando en lo que me estaba pasando.
Caí en la cuenta de que siempre que se aparecía había agua de por medio, en la bañera, en el espejo empañado. Recordé entonces la vez que fregué la cocina, las humedades del cuarto de Vero. Fui atando cabos y parecía que todo tenía que ver con el agua.
Regresé a casa para comer, y después me quedé dormidísimo en el sofá, una siesta de esas de las que si no me despiertan me quedo hasta el día siguiente. Por suerte, o por desgracia, Vero me avisó de que teníamos que volver a la oficina. En ese momento emitían la predicción del tiempo para esa tarde y los próximos días, perfecto, lluvias y tormentas, lo que me faltaba.
Cuando habían anunciado lluvias tormentosas se habían quedado cortos, más que cortos ¡a medio camino! Aquello era el diluvio universal. ¡Y unos rayos, y unos truenos!, ahora creo que fueron paranoias mías, pero en aquel momento estaba convencido de que un rayo había alcanzado la casa y se vendría abajo de un momento a otro.
Como os podéis imaginar, otra noche de insomnio, tirado en la cama, dando vueltas y enredado en las sábanas. Cada vez que sonaba un trueno cerraba más fuerte los ojos, hasta me hacían daño, pero es que estaba asustadísimo. ¿Quién no lo estaría?
Cayó un relámpago y me pareció verla fuera, bajo la lluvia, de pié en la explanada de la entrada. Allá plantada como un estaquirote! ¡Qué cague, colega!! Estaba tan asustado que me entró un ataque de risa tonta, y la tipa allá mojándose y mirando hacia mi ventana, ¡Dios! No podía más, entré en la habitación de Vero sin avisar, ya no sabía si estaría allí o en la explanada bajo la lluvia o yo que sé.
La desperté de golpe, y el susto también me lo dí yo al encontrármela allí. ¡Macho, esto era demasiado! Me acerqué a la ventana y "la otra Verónica" seguía ahí. Sin dejar de mirarla le dije a Vero, la auténtica, que se acercara a ver si ella también la veía. ¡Y tanto que la veía! yo estaba acojonado, con tanta lluvia y oscuridad de la noche no se veía muy bien pero los dos teníamos claro que había alguien en la entrada de la casa.
-¿Cómo?? Que baje yo a allá abajo, con la que está cayendo, tu estás loca Vero.- En realidad estaba tan acojonado que no podía pensar siquiera en bajar, pero claro un machote como yo no iba a reconocerlo, menos delante de una chica.
Al final tube que bajar, mi hombría estaba en juego, ¡y eso no podía ser!! Bajaba por la escalera pensando "¡qué coño hombría! ¡si yo no gasto de eso! Estoy tan acojonado que ni me los siento" Me metí la mano dentro del pantalón para comprobar que seguían ahí. Para sorpresa mía, de momento todo estaba en su sitio.
-Joder, joder, y con la que está cayendo... -Me asomé por la puerta de entrada, no se veía nada- ¿Hay alguien ahí?. Nadie contestó. Desde luego, machote, mejor que no me contestara nadie.
Le grité a Vero por el hueco de la escalera:
-¿Sigue ahí, Vero? Aquí no se ve a nadie.
Se oía la voz desde muy lejos y no entendía lo que me decía:
-¿Qué dices? aquí ya no hay nadie.
Me pareció que contestaba algo así como un sí. ¿Sí, el qué? que no había nadie, que se había ido, que quería que saliera fuera, ¿sí, el qué?
Me acerqué a la puerta, para echar otro vistazo rápido y cobarde, convencerme de que no había nada y volver a subir. Entonces un relámpago iluminó la entrada. Digamos que ya no estaba en medio de la explanada, es que ahora estaba apenas a cinco metros de la puerta, mirándome fijamente. Menudo bote que pegué! Me quedé paralizado, caído en los primeros escalones sin dejar de mirar la calle. Estaba oscuro como la boca de un lobo pero yo aún veía su cara, su melena empapada por la lluvia, su mirada fija en mi. ¿Me estoy volviendo loco o qué?


1 comentario:
qué bueno Nacho el relato de Verónica!!....hasta me dió miedoooo y todo.....uuuuuuuuu.....nos vemos prontito...!! :)
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