
Lo primero es el el método de la tortuga, consiste en meter la cabeza dentro de las sábanas, luego empieza a fermentar un olor a animal de cuadra hasta que es necesario salir a tomar aire. Es como bucear en la cama. Un rato bajo el agua y todo está calentito, salir a respirar y de vuelta inmersión.

Las proporciones han variado, así, lo que antes estaba a dos pasos ahora está a cincuenta, y llegar a la ducha al final del pasillo es una travesía por el hielo. Por suerte sigo los consejos de Calleja y llego a la ducha, donde un reconfortante baño con agua fría da la bienvenida a un día lleno de emociones, al menos tonifica la piel, no? (sarcasmo)
La casa se va volviendo un poco inestable, no sé si será por lo del agujero negro o porque aquí no se puede estar. En cualquier caso es una ventaja eso de poder decir que ya tengo muchas ganas de llegar a la oficina, más que nada por la calefacción.
Así se inicia un nuevo día, para que luego digan que en la ciudad no hay aventuras. ¡Que me lo digan a mí, que en mi casa voy esquivando los grajos dando saltos! ¡animalitos!!


