Me había quedado paralizado en la escalera, no sentía dolor, no sentía frío, no sentía nada. Los músculos no me respondían y tampoco podía dejar de mirar la calle.
La lluvia caía fuerte en la explanada, sólo podía oír el agua chocando con la tierra y los tejados. No me enteré de que Verónica había bajado hasta la entrada. Intentaba levantarme pero yo no podía moverme aunque quisiera, estaba petrificado.
No sé cuanto tiempo pasó, empecé a pensar que tenía que respirar, que el color morado no me sienta muy bien. Empecé a pensar en soltar la barandilla, la tenía agarrada tan fuerte que tenía los dedos blancos. Empecé a tener conciencia de que había que mover las piernas para levantarme.
Tenía a Vero delante de mí, agitándose alterada, supongo que gritaba o me decía algo, pero yo no le oía. Sólo podía mirar hacia la calle. Entre la oscuridad ya no se veía nada, pero no podía dejar de mirar.
Me levanté no sé cómo y empecé a caminar hacia la puerta, no sé porqué pero tenía que salir fuera. Descalzo pasé por el umbral de la puerta, pisé la tierra mojada y fría. Caminaba a oscuras, Vero tiraba de mí para que entrara dentro, pero yo, en estado medio catatónico, no me detuve, arrastrándola también al exterior.
Sordo y mudo, con la vista fija en la oscuridad caminaba hacia no sé donde. Vero detrás de mi me seguía muy cerca. Los dos empapados bajo la tormenta llegamos hasta el centro de la explanada.
Allí me paré y empecé a buscar. No la veía a la derecha, no la veía a la izquierda. Empecé a dar vueltas sobre mi mismo como un tonto. La buscaba y no la encontraba. De tanto girar me estaba mareando, vueltas y vueltas, bajo la lluvia y no la veía.
Me paré en seco y ahí estaba ella, enfrente de mi. Como siempre, quieta y seria. En un segundo apareció a un metro de mi. Seria, me miraba fijamente. Y en un movimiento rápido, extendió sus brazos y me empujó al suelo.

primero que pensé: "¡Joder qué frío!!", estaba tiritando, los dientes me
castañeaban, tenía las manos moradas del frío. Verónica me ayudó a levantarme y
entramos en casa. Y no recuerdo mucho más, me desperté tirado en mi cama.
Hicimos las maletas y nos piramos de esa casa. Ahora vivimos en un apartamento un par de casas más allá. De vez en cuando paso por delante de la casa y me acuerdo de todo lo que pasó. No acabo de creérmelo. Cuando hay noche de tormenta me aseguro de que ningún grifo gotee, no hay que malgastar el agua.
Han vuelto a alquilar la casa, nos encontramos en el bar a los nuevos inquilinos. Nos han dicho que el termo sigue goteando y el casero les dice lo de "ya están avisados, han de pasar a arreglarlo"


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